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La relación entre el instructor y el estudiante en la Danza Oriental
Por A'isha Azar. Traducción autorizada. ©

 

Hay muchísimos instructores de Danzas del Medio Oriente y el Norte de África. Algunos son excelentes y otros, verdaderos incompetentes. La mayoría probablemente están entre estos dos.
La enseñanza debiera ser un viaje de continuo aprendizaje y perfeccionamiento, tanto de parte del profesor como del estudiante. Cuando tomamos la decisión de ser profesores, estamos voluntariamente accediendo a tomar serias responsabilidades.
Muchos profesores parecen no darse cuenta de la importancia del impacto que producen en sus estudiantes, para bien o para mal. Por otra parte, existen estudiantes que no saben cuando se termina la responsabilidad del profesor y cuando empieza la de ellos.
Esperando maximizar la retroalimentación tanto en la enseñanza como en el aprendizaje, este artículo es una discusión sobre  ciertos principios básicos concernientes a la relación del profesor y el estudiante en la Danza Oriental (u otras danzas del Medio Oriente y Norte de África)

Los profesores le deben a los estudiantes todo lo que tengan para dar:

Cuando un estudiante busca a un profesor en particular, generalmente es para aprender su técnica en particular, los movimientos que lo hacen especial. Un profesor no debiera esconder ni una información del estudiante. Si alguna persona no quiere compartir su conocimiento o experiencias, entonces no debieran dedicarse a enseñar. Ya que el compartir, es uno de los niveles más importantes de la enseñanza.

Los profesores le deben algo a la danza:

En el proceso de la enseñanza, debemos realmente esforzarnos por mantener la integridad de la danza que estamos enseñando. Es nuestro trabajo enseñar el movimiento apropiado para la música apropiada, entregar referencias culturales sobre conceptos esenciales, definir las danzas y usar un correcto vestuario. También debemos enseñar la cultura y la historia que rodea la danza, y lo mejor de nuestro conocimiento.

Las Danzas que tienen una base cultural pueden ser interpretativas sólo en ciertos contextos.

Si el profesor le da completa libertad al estudiante en cuando a los movimientos, quizás sea bueno tratar otro tipo de danza que se adapte a un modelo libre de expresión. Desafortunadamente, el escenario de la Danza Oriental y las Danzas del Medio Oriente se está convirtiendo en un guiso de “impulsos creativos”. Muchas de las cosas que las hacen llamar “árabes” o “del Medio Oriente”, no tienen nada que ver con las danzas del Medio Oriente y el Norte de África. La mejor manera de contrarrestar esta moda es siendo fieles a los movimientos y al espíritu de la danza. Los profesores les deben a los estudiantes LA VERDAD.

Las estudiantes debieran focalizar su lealtad en transformarse en las mejores bailarinas que puedan ser.

Los estudiantes no le deben lealtad a un profesor, excepto en cuanto a la integridad de lo que se les ha enseñado. Los estudiantes pagan por sus clases con dinero y no con recalcitrante lealtad a un maestro específico. Los estudiantes tienen el derecho de estudiar con quien elijan sin temor a la hostilidad de su profesor.

Los buenos estudiantes no interrumpen el ritmo de la clase.

Ni tampoco mostrar lo que han aprendido con otro instructor. El profesor tiene el derecho de esperar que los alumnos estén ahí por que quieren aprender de él.

Un estudiante es un ser individual.

Los estudiantes pagan para esperan tener, aunque sea un poco de trato individual en las clases y en los talleres. El profesor debe corregir los errores y demostrar la correcta ejecución de los movimientos. No estamos ahí sólo para mostrar cómo se hace, si no ayudar a los demás a aprender a hacerlo bien. En algunos talleres, sin embargo, no es posible entregar atención individualizada a cada estudiante, pero sí se puede alcanzar a aquellos que notoriamente necesitan más que otros y así el resto puede aprender también al oír las instrucciones y correcciones que se le dan al compañero.

El estudiante tiene derecho a hacer preguntas.

Y a que se las respondan respetuosamente. Algunas cosas, gracias a la experiencia, nos parecen obvias, pero no es así para otras personas. Parte del trabajo del profesor es tomar cada pregunta de manera seria y responderlas mientras puedan. A veces, pasa que tendremos que decir que ¡no sabemos!

Los estudiantes pueden querer bailar algún día.
O quizás ya están listas para hacerlo. Es labor del profesor animarlas a que bailen en situaciones que vayan de acuerdo a su nivel. Las muestras de alumnas son excelentes espacios para desarrollar técnica y manejo de escenario. Una vez que las estudiantes están listas para bailar para una audiencia general, la profesora debiera animarla a que baile en otros eventos también. Las profesoras no debieran ser competitivas con sus alumnas o prohibirles bailar cuando ya tienen la competencia suficiente para hacerlo. Por otra parte los estudiantes debieran respetar la opinión del profesor y a la danza misma, para así esperar hasta que puedan hacer un buen trabajo antes de presentarse ante un público general.

Las profesoras no son responsables de encontrarle trabajo a las alumnas.

Esta no es una obligación por parte de la profesora, aunque algunas puedan ayudar a sus estudiantes a encontrar trabajo como bailarinas. El profesor tampoco está obligado a crear los eventos, aunque muchas lo hacen. Generalmente, las profesoras se demoran en encontrar trabajo para ellas mismas, ya que esta es una danza especializada dentro de un mercado bastante competitivo.

La amistad personal entre la profesora y una estudiante no es bueno: puede crear favoritismo en la sala de clases.

¡No se necesita decir más!

Estos preceptos pueden ser de ayuda tanto para la estudiante como para la profesora, en relación a lo que se espera de una buena y sana relación. Estos, promueven respeto mutuo, dedicación a la danza y deja menos espacio para confusiones.

 
Esta traducción fue autorizada por A'isha Azar (www.raqsazar.com). A'isha ha estudiado la cultura y las danzas del Medio Oriente y el Norte de África desde 1974. A’isha afirma que la danza oriental egipcia es una auténtica danza étnica es movimiento y en espíritu. La danza y la Bailarina son la manifestación física y visual de la música. A’isha sostiene que esta danza tiene movimientos precisos basados en conceptos de raiz. Para su enseñanza, ella ha desarrollado una metodología de enseñanza de 20 pasos fundamentales que de manera progresiva y cohesiva ven variaciones, fraseos, tyrabjao en capas, y otros. A’isha enseña Danza Oriental egipcia (Raqs el Sharghi), además de varias danzas folclóricas del Medio Oriente y Norte de África.
 
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